¿De dónde vienen las buenas ideas?

¿Quién dijo que las ideas aparecen mediante pequeños golpes de suerte o inspiración? 

Las ideas viajan inconscientemente por varios niveles y surgen una vez completados estos.

El truco para tener buenas ideas no está en sentarse en una mesa en profundo aislamiento, tratando de pensar en cosas extraordinarias, al contrario, mientras más compartamos conocimientos, más probabilidades habrá de que surja una buena idea.

Somos capaces de pensar de forma más creativa si abrimos la mente a muchos espacios y entornos interconectados que hacen posible la creatividad, donde las diferentes temáticas se fusionen y se discutan.

De este tema nos habla Steven Johnson en su libro “Las Buenas Ideas: Una historia natural de la innovación”, una obra que os recomendamos y que envuelve al lector trasladándolo por las distintas fases de la elaboración de las ideas, dando a conocer la verdadera historia que se esconde detrás de éstas y planteándonos ejemplos reales e inventos que utilizamos diariamente.

Según Steven, las ideas pasan por siete fases:

Lo posible adyacente, sería la primera, en la cual las ideas se crean a partir de restos de otras ideas desechadas que en su día creímos que no eran buenas. Por ello, tenemos que reciclar y reinventar teniendo en cuenta con qué componentes contamos.

Redes líquidas, sería la segunda fase. “Una buena idea es una “red”, ya que miles de neuronas se activan y se conectan entre sí por primera vez dentro del cerebro, para que a nivel consciente aparezca la idea.

La corazonada lenta. La tercera fase y la más sorprendente de todas. Comienza como una sensación vaga que nos muestra que existe una solución para algo, pero que todavía no se ha planteado, y se queda acomodada en el crepúsculo mental durante años, estableciendo conexiones nuevas y haciéndose más fuerte. Hasta que un día, esa idea se ve preparada para salir a la luz gracias a un nuevo dato, a una corazonada acomodada en otro cerebro o a una asociación propia que finalmente surge completando la idea.

Estas corazonadas lentas necesitan tanto tiempo para crearse porque “son criaturas frágiles, que se nos pierden fácilmente bajo la presión de los asuntos urgentes del día a día.”

La serendipia, “el hallazgo feliz”, es la siguiente fase. Se basa en los accidentes afortunados “pero si son afortunados es porque lo que se descubre de esta forma tiene un sentido para quien lo encuentra”. Sabremos que estamos ante un caso de verdadera Serendipia si el hallazgo nos ayuda a completar parte del puzle de la idea.

Esto se provoca normalmente por el intercambio entre disciplinas.

La serendipia, además de paseos y baños o duchas largas, también puede cultivarse gracias a Internet, debido a que no contamos con tantos filtros, los cuales reducen este fenómeno. Además, Internet es un medio de distribución global que nos da la oportunidad de saltar de un artículo de periódico a un trabajo académico.

La quinta es la fase de error. Una etapa por la que es inevitable pasar y por la que se agradece transitar, porque cuando en este lapso, se dispara la creatividad y florece la innovación.

Y auque nos parezca mentira, es más probable que surjan buenas ideas en un entorno con algo de ruido y del error, que en un entrono inalterable y ordenado.

La exaptación es la sexta fase. Por ello desde el principio en el post decimos que es importante codearse con personas de diferentes disciplinas, ya que la exaptación consiste en pequeños préstamos de unas disciplinas a otras.

“Un organismo desarrolla un rasgo destinado a un uso específico, pero luego ese rasgo acaba capitalizándose para una función completamente distinta.”

Y por último tenemos las plataformas. Las buenas ideas emergen gracias a la existencia de plataformas apiladas, es decir, no se parte de cero, se sigue innovando sobre otras ideas concebidas anteriormente.

Aunque no lo creamos, sin ser conscientes, una idea pasa por todas estas fases. Es una aventurera silenciosa que se alimenta en cada estación, llevándose un recuerdo en cada una de ellas, y terminando su viaje con una feliz llegada para aquél, que sin darse cuenta, la ha estado esperando tanto tiempo.

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