El community manager y la dictadura del buen rollo

No existe nada bueno que multiplicado hasta la saciedad continúe siéndolo, al menos con la misma intensidad. Nunca olvidaré aquella vez en la que a un amigo mío se le hacían los ojos chiribitas viendo a las mozas pasear por la calle mientras su novia, todo un portento físico, iba con él de la mano. “Comer jamón serrano todos los días termina cansando”, me dijo. En social media ocurre lo mismo: nos gusta la variedad. Sin embargo, el community manager, especialmente el que gestiona las comunidades de pymes, está cayendo cada vez más en la monotonía y omnipresencia de lo que podríamos llamar la “dictadura del buen rollo”

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En una estrategia de medios sociales es importante asociar nuestra marca con valores optimistas, debemos transmitir buena energía, sonreír a nuestra comunidad, mostrar nuestro lado más humano… Pero es un error que la gran mayoría de nuestros contenidos vayan exclusivamente en esa línea, porque entonces ya no estaremos mostrando una sonrisa, sino una mueca de esas que terminan en el manicomio psiquiátrico. ¿De qué tipo de contenidos estamos hablando? En la dictadura del buen rollo estamos bajo el yugo de:

  • Los buenos días buenrrolleros. Al comienzo de los tiempos, los community managers dábamos enérgicamente los buenos días los lunes y los viernes, los primeros acompañados con fotografías de tazas de café sonrientes y los últimos, con estampas de bebés o animalitos dando saltos de alegría, o con una canción bien bailonga. Esto no era suficiente, así que creamos los “juernes” para ir hypeando el fin de semana. Nuestras mamás nos enseñaron que dar los buenos días es de gente educada, pero en medios sociales no deberíamos limitarnos a eso: demos los buenos días, sí, y de paso añadamos algún contenido de valor para nuestros seguidores porque puede que ya tengan la colección de tazas sonrientes al completo.

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  • Los discípulos de Paulo Coelho. Los community managers le debemos mil y un likes a Paulo Coelho y a su filosofía zen. Qué harían nuestros seguidores sin los inspiradores y reveladores mensajes de autoayuda que les lanzamos casi a diario, serían unas ovejas descarriadas, miedosas y lloricas. “Todo tiene solución, porque todo depende de nuestro punto de vista, no hay nada que deba preocuparnos siempre que seamos fieles a nosotros mismos, sin importar lo que digan los demás. Cerremos los ojos, deseémoslo con fuerza y se cumplirá”… Sí, a veces los community managers debemos actuar como seudopsicólogos, pero sólo a veces, no constantemente. 

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  • Los memes y los tiernos gatitos. Aunque seguimos reservando los memes de Chuck Norris para nuestro muro privado, no cabe duda de que hemos caído en las fauces de aquellos protagonizados por tiernos gatitos o bebés, a los que recurrimos para ganarnos una galletita por parte de nuestros seguidores. Cómo resistirse.

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  • ¡¡Los signos de admiración!! Que no me entere yo que esa frase no lleva signos de admiración, dobles a poder ser. Qué bajona si no. Los community manager estamos a tope las 24 horas, siempre de subidón, y la mejor forma de demostrarlo es colocando signos de exclamación en cada frase. Obviamente, son una magnífica herramienta para otorgar mayor expresividad a nuestros mensajes, pero su abuso puede hacernos quedar como una cheerleader paranoica.

Ninguno de estos contenidos es contraproducente por sí mismo, al contrario, son muy útiles, sobre todo en redes sociales con un fuerte carácter de entretenimiento, como es el caso de Facebook, pero lo bueno, elevado a la enésima, termina siendo perjudicial. Este tipo de contenidos no puede suponer más del 50 % de nuestra conversación en medios sociales, debemos rebajarlo con publicaciones de verdadero valor añadido para nuestra comunidad, porque por lo general nuestra marca no sólo querrá transmitir optimismo y simpatía, sino también profesionalidad, seguridad, credibilidad, confianza… Queremos que la nuestra sea una marca amiga y no tanto una marca colega.

Esta dictadura del buen rollo se está imponiendo en el community management desarrollado por las pymes hasta tal punto que apenas se ven diferencias entre los contenidos que ofrecen en las redes marcas de diferentes sectores y naturaleza. Si pretendemos diferenciarnos del resto, hagamos algo distinto, ofrezcámosles a nuestros seguidores algo que no encuentren en otro lugar, más allá de vigorizantes buenos días y gatitos que nos hagan ojitos.

|Fotografía: Steve Freeman|

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Comentarios

  1. Muy cierto todo, Pedro. Yo añadiría algunas cosas más, como las caritas ;), los filtros de Instagram hasta en la sopa, etc etc etc…
    Lo máximo, rozando la perfección, es un: ¡¡¡¡¡Buenos días!!!!! :):) (acompañado de foto de bebé bostezando con un buen filtro)

  2. Pedro R. Camacho dice: noviembre 8, 2013 at 10:28 pm

    Leandra, esa combinación que comentas sería el súmmum del buenrrollismo ilustrado. Hasta el mismísimo Chuck Norris dejaría caer una lagrimita :_)

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